"Cada uno es dueño de su silencio y prisionero de sus palabras"

domingo, 8 de abril de 2012

Determinismo

No creo en las casualidades.. nunca lo hice, o tal vez si, alguna vez, pero preferí cambiar el paradigma cuando me di cuenta de que era demasiado sencillo para mi sencilla percepción de las cosas, y ni hablar de la asistencia de mi corte casi automático de la realidad, devenido simplemente en un "no presto atención" que se encuentra instaurado firmemente en cada una de mis charlas cuando repito una misma pregunta varias veces, acompañado por una caída de cejas del destinatario de la pregunta, por supuesto.

Ni hablemos de darle chance al destino, como esa fuerza mágica y sobrenatural que guía cada uno de nuestros movimientos.

Reniego hoy de frases mediocres que tantas veces repetí como "todo pasa por algo" o un simple y consolador "seguro no estaba para vos", puntos finales de situaciones que no llegaron a buen puerto para quien sea el receptor de tal carga, como si el guionista de esta existencia simplemente decidiera por nosotros, en un continuo carrousel de cosas que parecen girar a nuestro alrededor, sin el permiso de poder alcanzarlas cuando nuestro libre albedrío así nos lo permita.

Creo en el determinismo, desde nuestras acciones hasta nuestros pensamientos, esa carrera de albañil que cobijamos desde nuestra más temprana infancia, que tal vez sea simplemente una versión del complejo de mesías que cada uno tenemos para nosotros mismos.

Quiero creer que su propia definición es la principal responsable de su constante declive: nada nos hace sentirnos más responsables como nuestras propias decisiones, nuestros propios actos, y ni que hablar de nuestros pensamientos, pilar fundamental de la realidad en la que estamos inmersos. Siempre sería más fácil atribuir nuestros errores a otros, como el destino, o quien fuere, el cual nos permita conciliar el sueño por la noche.

No puedo abordar toda la teoría filosófica del determinismo, pero puedo citar algunos ejemplos de él.

Todavía resuena en mi cabeza aquel chico de las rosas, y la probabilidad de volver a encontrarlo en tan bonita situación, tal vez más bonita para el tímido observador que paso desapercibido a su lado, que para los felices protagonistas de dicha historia.

El sms, la salida semanal, la cancelación, el viaje, la re planificación, el aire fresco de la noche, el bar, las charlas, el reencuentro y el sms; El chat, la noche fría de invierno, la lluvia, el vacío de ganas de volver a la calle, la pc, la red social, el descubrimiento, la charla y el chat; el reencuentro, el festejo, los amigos, los paseos, los saludos y el reencuentro; así puedo continuar indefinidamente, convirtiendo tantas historias en ciclos como ciclos hay en cada una de dichas historias.

Solo me resta decir que creo en el determinismo... apuesto todo mi presente en ello.

"Demasiado buena la casualidad como para llamarla casualidad simplemente"


martes, 3 de abril de 2012

Flores en el camino...

Recuerdo que eran las casi las 7 de la tarde, Martes, yo corría de un lado a otro, para variar. Ese día abandonaba Ciudad Vieja y debía ocupar el tiempo suficiente, previo, a la siguiente obligación del día.

Hacía calor... mucho calor, el pretexto justo para hacer una escala obligada por mi casa, bañarme y volver a salir, pero no lo suficientemente extensa para que la pereza me invadiera y me impidiera continuar con el resto de las actividades que debía llevar a cabo.

Decidí caminar por 18 de Julio, y es necesario aclarar que no es de mi total agrado deambular por dicha avenida... o al menos hasta ese día. Estaba totalmente colmado de gente, como de costumbre, a esa hora en esa parte de la ciudad. 

Decidí colocarme los auriculares y caminar, escuchando una y otra vez la misma canción... una de mis tantas manías, debo confesar.

Recuerdo que entre repetición y repetición, me detuve a prestarle atención a la gente la cual cruzaba en mi camino,  me extrañó que no lo hubiera hecho antes. Es interesante lo que puede verse una tarde de jueves marzo...

Ojos grandes, abiertos, como los de un niño, caminando tan lento como podía, observando.. solo observando.

A lo largo del camino, las caras de aquellos que me cruzaban solo reflejaban espera, tal vez la espera del bus que los retorne al hogar, la de la buena noticia, o tal vez simplemente la del cambio, esa luz en el horizonte que nos brinda, finalmente, la alegría que el día aún no había entregado.

Solo vi 5 personas reír, a carcajadas, me pareció un poco triste.

Sin embargo, algo llamó mi atención duante aquel recorrido. Cerca de la plaza del Entrevero, en mitad de 18 de Julio, un chico se encontraba ansioso, una cuota de nerviosismo lo envolvía pero allí estaba, esperando, y en sus manos, un gran ramo de rosas. Que suerte!, pensé, sin duda alguien recibirá una sorpresa hoy. Esas rosas eran, tal vez, el único colorido que cambiaba el paisaje de aquella ciudad tan acelerada y tan gris.

Llegué a casa finalmente, me bañe, me cambié y volví a salir... la música no dejaba de sonar en el auricular.

Cuando volví a retomar 18 de Julio, algo nuevamente llamó mi atención... eran las rosas, otra vez las mismas rosas, las cuales habían abandonado el centro y se dirigían lentamente hacia el obelisco,  pero se encontraban en manos de alguien más: una chica, morocha, muy bonita y con una sonrisa que solo quería escapar de su rostro, a su lado... el mismo muchacho, también con una sonrisa, tal vez mayor que la de ella.

Caminaban despacio, uno muy cerca del otro, ella abrazada a las flores, por supuesto. Parecía que ni el ruido ni la muchedumbre les afectaba, mucho menos el tiempo, que sin lugar a dudas se había detenido para ellos.

Cualquiera de nosotros podríamos convertirnos en el chico ansioso de las rosas, supongo que otros tantos podríamos ser la chica que camina feliz por 18 de Julio... lo complicado de esta historia, son simplemente las rosas, que al final del día son los que nos roban la sonrisa...